Un pendiente en la nariz
Corría -si no me equivoco- la primavera de 1997 cuando decidí ponerme pendiente en la nariz. Me fui a los jipis de enfrente del Cortinglés y le pregunté al primer fumeta de pelo largo que vi.
-Te lo hago por tres chapas con un pendiente hipoalergénico -me informó.
El tipo me hizo sentarme, y, poniéndome un espejo frente a la cara, me dió un rotulador para que señalase el punto donde quería hacerme el agujero.
-¿Ahí?
-Sí.
-Bien. Voy a preparar la pistola.
-Vale.
-¿Estás nervioso?
-No.
-Mejor.
El tipo seleccionó un pendiente plateado en forma de media cápsula, lo puso en la pistola, y me dijo que no me moviera. Oí un impacto y sentí cómo se abría el cartílago del golpe.
-Ya está. Ahora, cuando se te pase el dolor, te lo terminas de empujar hacia dentro. Y a partir de mañana te pones el cierre. ¿Te ha dolido?
-No -le respondí, sorprendido de que aquello realmente no fuera doloroso. O tan doloroso como decían.
-Este pendiente no te lo puedes quitar en dos semanas. Durante esas dos semanas, le echas agua oxigenada cada vez que puedas y lo mueves en círculos y de dentro a afuera.
-¿Eso es todo?
-Sí.
Le di sus tres chapas y me fui.
Llevé aquel pendiente durante toda la curación e incluso después, hasta que me acordé de que lo que quería era llevar un aro. Después de aquel aro, llevé otro, más bizarro. También me puse, alguna vez, un imperdible y algunas otras ocurrencias. Pero al final me quedé con el aro bizarro, aunque a veces tenía que descansar de él por lo mucho que pesaba.
Un día, yendo por ahi, me di una hostia en bici. Caí de morros y el pendiente se fue a tomar por culo. No me acordé de ponerme otro pendiente hasta que me di cuenta de que se me había cerrado el agujero y debía volver a abrirlo.
Decidí no hacerlo, por desgana más que nada.
Pero el otro día, a noviembre de 2007, sacándome espinillas frente al espejo del baño, me di cuenta de que me había quedao un cráter en recuerdo de aquel primer agujero, y entonces pensé en volverme a perforar la nariz.
Me pegué un paseo hasta el estudio donde suelo tatuarme y le comenté el tema a la novia del tatuador.
-Te sale por treinta y cinco euros y te tienes que comprar un esprái antiséptico en la farmacia para los dos primeros meses.
Me quedé asombrado con el cambio de directrices, pero quedé con ella en que me pasaría a hacérmelo en cuanto tuviese dinero.
Esta mañana he cobrao un par de cheques pendientes de la puta mierda de trabajo que tengo ahora, y con las mismas me he ido pallá.
El proceso es más lento que con pistola y más doloroso, y el puto esprái antiséptico te cuesta cerca de los nueve euros.
